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" By Jorge PM

3 series que han sido estiradas como un chicle

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Las networks, o lo que vienen siendo los canales en abierto de EEUU, tienen un sistema muy distinto a los canales de cable. Una de las principales diferencias es que los creadores no tienen ni voz ni voto a la hora de finiquitar sus series: si el producto funciona el canal lo llevará hasta el límite del desgaste con o sin su creador a bordo. Si la audiencia se cansa, entonces el canal saca la guadaña. ¿No os habéis preguntado alguna vez por qué series con varias temporadas acaban con un gatillazo o directamente no tienen final? Hoy os presentamos 3 series que han sido estiradas como un chicle, las que debían haber acabado hace tiempo pero que, extrañamente, siguen funcionando en la parrilla.

1. Anatomía de Grey


Seamos sinceros, el drama médico de Shonda Rhimes ya ha vivido lo suficiente. La serie cuenta con diez temporadas a sus espaldas, un fallido spin-off (Sin cita previa), la marcha de la mitad del reparto, un escándalo por homofobia e incluso versiones latinoamericanas (A corazón abierto). Tras diez años la trama ha ido desvariando y dando bandazos, diluyendo lo que el era en principio la serie. La anatomía hace tiempo que dejó de ser de Grey.

Resulta curioso (y quizá hasta mosqueante) que su propia showrunner haga declaraciones tales como que Scandal, su otro drama en la ABC, ya tiene un final pensando y que no tardará en llegar, cuando la serie acaba de empezar su tercera temporada. Mientras tanto, la famosa serie con Ellen Pompeo y Patrick Dempsey, que ha dejado de ser el drama más visto en EEUU superado precisamente por Scandal, sigue a medio fuelle en la parrilla. Incluso Rhimes ha admitido que algunas de las temporadas de Grey no deberían haber visto nunca la luz. Increíble.



2. Glee


A pesar de que nuestro compañero Tony López la disfruta ahora más que en su primera temporada (entre esto y su Top 10 de las Girls Aloud nos tiene en la redacción contentos), tras el último dato marcado por la serie, en Fox deben estar que trinan al haber renovado la show musical por dos temporadas más, la quinta que está actualmente en emisión, y una sexta para el año que viene. Y es que Glee tiene el honor de ser la única serie en emisión cuyo grupo de fans LA ODIA en vez de amarla. Es la máxima expresión de guilty pleasure, de ver una serie por inercia. 

Ryan Murphy planteó unos primeros trece episodios excelentes (salvo el cuarto capítulo 'Acafellas'), dio un pequeño bajón en la segunda parte de la primera temporada que se pronunció en una regular segunda temporada y una decente tercera. Se nos abrió el cielo al anunciar que habría cambio generacional a lo Skins, cambio que no fue como se prometió quedando todo a medias tintas y dando lugar a una quinta temporada que da más vergüenza que alegrías (ese último episodio con marionetas...) Y todavía tienen la decencia de plantearse un spin-off con Rachel Berry...



3. True Blood


Vale, True Blood no es una serie de network, de hecho es de las más aclamadas de HBO. Pero se está alargando que da gusto. Parece que el material original de Charlaine Harris repartido en 13 libros (y varios más por venir) no es suficiente para el equipo dirigido por Allan Ball. Seis temporadas en antena más una séptima que terminará con la serie vampírica en 2014 han dado para desvaríos, locuras y para pasarse el material original por el Arco de Triunfo. Así, tal cual, vemos como entre los vampiros del sur de EEUU han acabado viviendo hadas, brujas, hombres lobo, etc. Ese plot twist puede tener hasta sentido, pero a lo largo de las temporadas nos hemos encontrado a personajes que mueren y que en los libros no, personajes secundarios a los que se les da mayor importancia, enemigos que mueren y reviven a gusto del guionista y escenas de sexo que pasaron de ser la marca de la casa a rellenar metraje sin sentido. Porque de algún lugar había que sacar para 50 minutos semanales.

Al menos, todas las temporadas han ido teniendo una curva de audiencia estable por lo que el final de la serie será por cuestiones creativas más que por desgaste del producto, asegurándonos así un final que, esperemos, decepcione en menor medida a lo que la industria televisiva nos tiene acostumbrados.

Por Jorge PM





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" By AMR

Review: True Blood y su sexta temporada

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SPOILER ALERT: este post revela detalles de la trama de True Blood.


Hace ya tiempo que cejé en mi empeño de hacer una comparativa integral entre la serie "True Blood" y la saga que dio origen a la serie: "The Southern Vampire Mysteries", de Charlaine Harris. Desde el primer momento Alan Ball dejó claro que no iba a hacer una réplica de las novelas y contentar así a las — sedientas— fans de los vampiros de Louisiana. Pero por lo que sé, pocas se quejan de la línea que ha decidido tomar la serie, ya que a cambio proporciona unas dosis de sangre, sexo y violencia que la han convertido en la ficción vampírica más descarada y surrealista de la televisión. Pero viendo el resultado de esta última temporada, me pregunto qué tal habría cuajado la trama reflejada en la sexta novela, mucho más jugosa que la que nos deja la serie y con nuevos personajes que no le vendrían nada mal. 


Bill ahora es Billith


Esta es la primera temporada que produce HBO sin su creador, Alan Ball; pero no creo que su marcha sea el motivo de de tan flojo resultado. Durante la quinta, el creador de "A dos metros bajo tierra" llevó el mando de la serie y no le fue mucho mejor: empezó resolviendo misterios tejidos durante las cuatro primeras temporadas pero se estancó, a mitad del verano, con la dichosa sangre de Lilith y la Autoridad Vampírica; y si pensábamos que el cliffhanger con el que terminó —Bill cubierto de sangre y poseído por Lilith— auguraba una buena sexta temporada, nos equivocábamos. Pocos episodios fueron suficientes para que nos diéramos cuenta de que la historia no iba a ninguna parte: Bill, en su condición de semidios —a  partir de ahora Billith—, suscitó interés durante menos tiempo del que le duran los novios a Sookie. En seguida se convirtió en un irritante secundario sin motivación, que se encerró en casa en vez de idear un plan decente que salvara a su raza de la extinción. Sookie, por su parte, tardó apenas unos cuantos episodios en convertir al asesino de sus padres en su nuevo amante (a veces que un personaje se quite la camiseta es todo lo que necesita esta serie para mantenerlo en plantilla). Por desgracia, las tramas secundarias, que normalmente cumplen el papel de hacer de contrapunto de los "serios" problemas que acosan a los protagonistas, tampoco estuvieron a la altura en esta ocasión. Quizás podría salvarse, por simpática, la historia de Andy y sus hijas con progeria, pero el resto de tramas están tratadas de un modo tan superficial que resulta casi imposible interesarse por el futuro de sus personajes. 


Warlow es el nuevo fichaje, pero se lo cargan en un abrir y cerrar de ojos



Por suerte, algunos episodios no tienen desperdicio. Gracias a Eric Northman, el vampiro que lleva ya dos temporadas protagonizando los mejores momentos de la serie, puedo decir que esta última no fue un fiasco total. En un alarde de inspiración, los guionistas decidieron hacerlo partícipe de la única trama decente: el gobernador de Louisiana —harto ya de los vampiros y con una venenosa Sarah Newlin susurrándole al oído— decide abrir la veda y encerrar a cada ser supernatural que se encuentre en el campamento de los horrores. Eric, a la vista de que Billith está en casa teniendo visiones y no hace nada por evitarlo, decide salvar a los suyos cueste lo que cueste y sin ayuda. Esto nos deja con momentazos que casi nos hacen desear que Sookie y Bill abandonen la escena para siempre: la creación de su nueva hija, Willa; la horrible muerte de Nora, o el disfraz de ornitólogo nerdy con el que se planta en el despacho del gobernador.



Billith teniendo una visión de las suyas



El último episodio, "Radioactive", es un claro ejemplo de lo mal encaminada que estuvo la temporada y de la necesidad de sacarse las tramas flojas de encima: a Warlow lo matan en un abrir y cerrar de ojos, Bill pierde sus poderes sin mayor explicación y Sookie vuelve a estar sola. Pero no por mucho tiempo, porque la necesidad de cambio aprieta y, por primera vez, los guionistas no ven otra opción que dar un salto temporal ¡de seis meses! para emparejar con un abracadabra a Sookie y Alcide, convertir a Bill en un escritor best-seller, pasar del Merlotte’s a Bellefleur’s, hacer de Sam un alcalde y llenar la ciudad de vampiros zombies infectados de Hepatitis V. Sí, en Bon Temps seis meses dan para mucho, incluso para resolver problemas de guión de forma acelerada y encontrarle novio a Sookie (qué chica más cansina).



Eric Northman, tomándose unas merecidas vacaciones después de salvarlos a todos



Entonces, ¿por qué la productora ha dado luz verde a una séptima temporada? Pues porque "True Blood", pese a tener momentos de bajón y unas inconsistencias de guión que ni las películas turcas de serie B, sigue sacando nadie sabe de dónde momentos épicos que te hacen volver a adorarla, escenas disparatadas que vuelven a engancharte a un personaje, situaciones bizarras que ninguna otra serie puede igualar y… a Alexander Skarsgård,  que salva la temporada cuando ya no le queda cuerda (aunque hayan amenazado con cargárselo). Así se explican sus más de cuatro millones de espectadores por episodio, su Globo de Oro, sus récords de audiencia en HBO y las ganas del fandom de una ración de sangre fresca semanal. Y mientras haya sed, la serie dará sangre. 


"True Blood" se emite en Canal + 1, en DUAL, los jueves a las 21.30









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