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" By Elena_delaPrida

Festen (1998) o el cumpleaños más bizarro

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Celebración es la obra primigenia el Dogma 95, dirigida por uno de los padres del movimiento: Thomas Vinterberg. Esta pieza ya histórica del cine danés dio inicio a la vanguardia cinematográfica que a finales de los 90 quiso romper con el cine artificioso y comercial que, según su visión, estaba aniquilando el alma del séptimo arte.

Festen narra el aparentemente inofensivo encuentro familiar en un hotel con motivo de la celebración del sexagésimo cumpleaños del patriarca (Henning Moritzen). 
Lo primero que llama nuestra atención en este film es la apariencia visual de la imagen: planos brutos, sin ningún tipo de corrección de color, encuadres descuidados y sobre todo un movimiento muy rudo y natural fruto del uso de las primeras video cámaras de mano que comenzaron a democratizar y abaratar el coste de la producción cinematográfica.

El desfile de planos cerrados e interiores nos hace sentir la emoción voyeurística de asistir a una feria de vanidades convertida en pesadilla que no parece tener fin.


La historia y los personajes son los elementos verdaderamente importantes en Festen, todo lo demás es accesorio y desechable según los preceptos del Dogma. Es a su vez la prueba de que una buena historia, intensa y bien interpretada es lo único necesario para atrapar al público y elevarlo a través de una acción que avanza y se complica por momentos.

La gran cantidad de personajes hace de esta celebración un evento coral en el que se airean los trapos sucios de una conservadora familia danesa de clase acomodada.
Christian (Ulrich Thomsen), el primogénito de Helge (Henning Moritzen) es quien desata el caos.
El hijo mayor, que se presenta como el más desapegado y exitoso  de los hermanos, guarda un secreto capaz de sacar a relucir los instintos más básicos de los asistentes a la vez que generar en la audiencia la duda y el horror en una vorágine de situaciones incómodas y sorprendentes. 



“La primera en la frente” como se suele decir. Este Dogma#1 representa la elocuencia cinematográfica más salvaje con la sola ayuda de gran equipo con un presupuesto ajustado totalmente desprovisto de edulcorantes y aditivos.

Tenemos por una parte  un naturalismo casi soez y vulgar por momentos, mostrando facetas deplorables del ser humano, pero a la vez muy verosímiles e identificables. No obstante, hay lugar también para la poesía y el surrealismo, sólo apoyado en el montaje y la sugestiva ambientación sonora.

El resultado es una poderosa historia que te provocará de una forma u otra y si bien es producto de un movimiento cinematográfico desaparecido, siempre será un buen recordatorio de lo que se puede hacer con pocos recursos y una inventiva desbordante.



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" By lau

Sedmikrásky (Daisies): adolescentes (des)colocadas, poesía y destrucción en tonos pastel

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Sedmikrásky es un film del 66 dirigido por Vera Chitylová, mujer cineasta que se convertiría en una de las iniciadoras de lo que luego cristalizaría en la tradición cinematográfica checa, de la que formarían parte  artistas de la talla de Milos Forman -One flew over the cuckooo´s nest, Man on the moon- o Jiri Menzel -Trenes rigurosamente vigilados, Alondras en el alambre-.  

Sedmikrásky -Daisies- es tan rompedora como cabe esperar si se tiene en cuenta el contexto: son los años sesenta, y el cine, como el resto de artes, está en plena efervescencia ideológica y creativa, perfilándose este momento como histórico por su afán de ruptura de los convencionalismos anteriores. Y es inevitable pensar en esto si volvemos la mirada a la década inmediatamente anterior, la de los cincuenta, la de la ostensión y el derroche, en que se consolidaron actitudes tales como el american way of life: recién terminada la Guerra, la recuperación económica pasará a primar la vida de las personas, siendo éstos los años del capitalismo extremo, los de la certeza acerca de la primacía del dinero, que se encontraba por encima, incluso, de la propia psicología del individuo, que muchas veces tendría que ocultar su verdadero ser para no sentirse discriminado en una sociedad vil, mezquina y estrictamente rígida en sus tradicionalismos; algo que, inevitablemente, pasará factura en aquellos individuos que se opongan a esta rigidez, y que, posteriormente, serán quienes más defiendan la ruptura en todos los ámbitos de la vida y el arte durante los años siguientes.

 Así, los años sesenta son (como) los del resurgimiento de las vangüardias de los años 20, pero con una vocación de renovación absoluta, de ir más allá de lo que ya se había ido, de darle otra vuelta de tuerca a todo -como la novela de Henry James Another turn of the screw, que daría lugar a la escalofriante The Innocents-, de volver a levantarse contra la debilidad estructural del sistema y la rigidez social tácita y pasar a darle a todo un nuevo aspecto, una nueva forma, y hasta una nueva corporalidad.



 En definitiva, lo que se pretendía en este momento era sacar a flote el desasosiego y la incomprensión social del individuo que habían sido contenidos tantos años, pero todo esto codificado de un modo revolucionariamente nuevo: el lenguaje y los códigos estéticos de este cine tenían que ser distintos de la tradición cinematográfica directamente anterior (para que éstos no se entendiesen como meras continuaciones de lo precedente) si se quería que el mensaje fuese, también, nuevo, y que sobre todo, chocase, sorprendiese, llegase al espectador con un efecto prácticamente de shock, para que, en consecuencia, fuese capaz de reaccionar.  

Y a la vez aleccionaba a éste, al referirle una serie de problemas, reales,  a los que el individuo, tanto a nivel colectivo como particular, se enfrentaba a raíz de los cambios que habían tenido lugar en las décadas anteriores. Problemas tales como la guerra total, las invasiones, los bombardeos, el inevitable papel pasivo de los civiles en los conflictos bélicos, las injusticias y las farsas sociales, la explotación a la que estaban sometidos los trabajadores, la rigidez del sistema, la falta de recursos económicos, los problemas con las instituciones y un grandísimo etc, habían dejado a los individuos desolados, hasta el punto de no saber cómo proceder para sobreponerse a ellos; debían aprender a convivir con ellos para poder dejar atrás la pasividad y pasar a tomar parte activa como forma de solucionar su propia problemática.

Hubo un beneficio mutuo, o compromiso mejor dicho, en estos años entre el cine y la sociedad, pues así el primero pasaría a dar cuenta de los problemas de los segundos, convirtiéndose los diferentes films y obras de arte en una especie de himno reivindicativo de una generación atormentada y sometida ante el poder. Así, la discordia y la aversión que los jóvenes y estudiantes empezaron a mostrar abiertamente en la década de los sesenta, que les llevó a manifestarse ante la inmovilidad política de los altos cargos, ya sin esforzarse lo más mínimo por ocultar su descontento, no provocaron sino que los directores que en estos años empiezan a despuntar vuelvan la mirada -con más vocación documentalística que nunca si cabe- hacia el desasosiego social, que tratarán ahora constantemente, aunque no siempre de forma directa ni tampoco en primer término, sino muchas veces como omnipresente telón de fondo, como marco social en que se proyectaban los conflictos y trastornos de los seres particulares, tomando forma, consolidándose y viéndose éstos reflejados y justificados por el contexto en que se habían visto obligados a vivir.



 Así, será Truffaut en Francia quien, a principios de los 60, despunte con Los cuatrocientos golpes, film en que se muestra de forma cruda y tremendamente realista -pero sin abandonar por ello el factor poético que tan bien definirá a la vanguardia francesa de esta década, la nouvelle vague- los golpes que dará Antoine Doinel por superar su aislamiento social. Junto a él, Godard, Resnais, o Rohmer constituirán la Nouvelle Vague francesa, con títulos tan emblemáticos como Une femme est un femme, Hiroshima mon amour, o Pauline à la plage, respectivamente. Paralelamente, Richardson, Reisz y otros tantos autores, continuarán la línea de renovación de los franceses, con la tendencia del Free Cinema británico que ya habían inaugurado en la década anterior a raíz del manifiesto de los  jóvenes airados –los Angry Young Men,-, con la grandiosa película  The loneliness of the long distance runner, o  la  premiada Saturday night and Sunday morning.

 Los frentes fueron numerosos y las ganas y autores, incontables: en Italia, también en este momento, estaba teniendo lugar la explosión reivindicativa del Nuovo Cinema Italiano, pero mientras, el resto de Europa, en concreto la zona Este, contenida por la represión política, por los regímenes estrictamente rígidos, por el inmovilismo de muchos detractores de la renovación a todos los niveles que del arte y de la vida se estaba llevando a cabo, impidieron cualquier mínimo atisbo de esta revolución vital. Sedmikrasky es por eso importante, porque en medio de un clima agrio, pudo realizarse y difundirse, dando cuenta del deterioro moral y social que reinaba en el país, Checoslovaquia. La película se hizo dos años antes de que tuviese lugar la primavera de Praga, eludiendo la falta de libertad que propugnaba el totalitarismo del gobierno checo de Novotny, pero el desenlace fue amargo, o al menos no tan dulce como muchos habrían querido, pues la invasión de Checoslovaquia por la URSS, si bien acabó con esta tendencia política de extrema derecha, trajo consigo un fervoroso comunismo que no vería con buenos ojos la chocante y poética tentativa subjetiva de Chytilová. 

Asi, el film fue censurado, y ella, tachada de artista non grata, aunque su valía es notable, al haber sido, pese a los contratiempos, la primera checa en osar desafíar al sistema de su país para narrar, en formato cinematográfico y en términos surrealistas      –pues cuando la realidad ya solo expresa decadencia, solo se puede apelar a la surrealidad, a lo que está por encima de la realidad misma, para tratar de explicar o reformular ésta-, los problemas, preocupaciones e inestabilidades de una porción creciente de individuos que se habían visto, de repente, dañados colateralmente por problemas políticos que más que ayudarles en su complejo proceso de construcción y crecimiento a nivel personal, se afanaban en complicárselo hasta límites insospechados, creándoles incertidumbre, desasosiego, angustia. Y una pérdida tal de credibilidad en la humanidad que hace que las dos chicas protagonistas del film lleguen a la conclusión de que “si el mundo, si las personas, han dejado de ser buenas, si solo hay corrupción moral en su forma de ser y actuar”, ellas no pueden sino hacer lo mismo, para estar a su nivel y no verse discriminadas por los demás, lo que las llevará a realizar una serie de actos irreverentes que responderán también a la falta de esperanza.




Por eso dejan que las amen sin dar de su parte, mienten, están con hombres de los que solo les interesa su dinero, estropean un banquete, se emborrachan, o dan un vergonzoso espectáculo en público. Y por eso también se pintan de más, porque piden a gritos un poco de atención, esa que su propio estado –vital, de cosas, e incluso el político- les deniega constantemente. Pero también es por eso por lo que llevan coronas de flores en la cabeza, porque aunque solo sea por encima de todo eso, a modo ya solo de mero adorno, aún les queda algo de inocencia.

Y mientras esto sucede, claro, se cuestionan la muerte, hablan del futuro, de la felicidad, de lo que es y lo que no es el amor, y se dejan llevar por los ritmos oníricos del soleado y reluciente mundo en que ambas sueñan vivir, felices, sin preocupaciones. Son chicas que suplican por un poco de atención, pero ellas lo hacen a su modo. 

Además, las peculiares técnicas de postproducción constituyen un enorme atractivo visual. Son rudimentarias para nuestra concepción actual del cine, pero muy adelantadas si tenemos en cuenta lo poco que se hacía en aquellos años. Me recordó bastante a los juegos “mágicos” de Mélies, como cuando las chicas, jugando, se separan partes del cuerpo, y sus cabezas, flotando sobre las paredes forradas de periódicos de su habitación, siguen charlando como si nada. Total, por un poco menos de cordura, que no se pare el mundo, que todo siga su curso. Del mismo modo, se hace uso de filtros de colores, así como del blanco y negro, y momentos en que la saturación y el tono se vuelven más intensos. También hay pantallas partidas, ruptura de la cuarta pared, saltos espaciales en tiempos consecutivos...

Las dos chicas no tienen nombre, porque representan a dos de tantas personas alienadas por el sistema, con lo cual su identidad personal se ha visto diluída hasta haberse perdido por completo. No tienen nombre, su identidad está deformada, pero no por ello su aparencia, que, al contrario de lo anterior, es lo único que las define y las diferencia. Por esto se visten, se peinan y se maquillan a la moda, siguiendo la tendencia de los sesenta, del contexto real en que se realizó la película, y por esto, ha terminado de fascinarme. Desde estampados de lunares a gruesos trazos de eyeliner en los párpados, pasando por vestidos trapecio, stilettos de tacón bajo y ancho, bañadores de talle alto, flores, estampados geométricos y muchos deseos reprimidos que conseguirán salir a flote tras haberse reafirmado las dos protagonistas en su idea de la –ya imparable- obscenidad humana. Y todo esto en una única gama tonal, la de los colores pastel.

Es una historia dramática? Podría serlo, si, pero también lo contrario, si como las chicas, pensamos en la realidad como una farsa en la que solo se puede ya actuar por imitación de los otros para no ir a contracorriente. Lo bueno es que tiene una moraleja, porque al final, se dan cuenta de que su estabilidad psicológica se irá a piques si siguen así, e intentan arreglar lo que han destrozado, pues en el fondo, su rebeldía es una consecuencia. Así, aceptan la derrota, la interiorizan y aprenden a vivir con ella, aunque su equilibrio vital, como el barco en que se dejan llevar en los últimos minutos de la película, estará ya sumido en la deriva.









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" By Ramón Bescos

Review: "Carmina y Amén", Paco León progresa adecuadamente

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“My way”. Con la arrebatadora voz de Nina Simone se despide la que es la segunda incursión de Paco León en el mundo cinematográfico, tras el éxito conseguido en 2012 con la revolucionaria ‘Carmina o Revienta’. Como aquélla, el nuevo film del director y actor sevillano narra las desventuras de Carmina, una cincuentona ama de casa sevillana, luchadora, astuta y encantadoramente zafia a partes iguales, interpretada por la propia madre de León. Cine costumbrista que retrata un trocito de la delirante vida de una familia humilde andaluza.

Si bien ‘Carmina o Revienta’ fue un debut más que notable para León, en esta nueva entrega ha pulido ciertos aspectos, haciendo de su segunda película una obra mucho más redonda y atractiva. Si en ‘Carmina o Revienta’ se jugaba de alguna manera con el aspecto documental de la obra, sembrando la incertidumbre sobre el elemento de ficción en el film, ‘Carmina y Amén’ apuesta por un ritmo y un enfoque mucho más cinematográficos, la historia sigue patrones narrativamente más clásicos. Aquí se trata, esencialmente, del fallecimiento del marido de Carmina, interpretado por Paco Casaus, y de cómo madre e hija (de nuevo María León) intentan ocultarlo un par de días para poder cobrar una paga extra que el difunto iba a recibir. Todo ello aderezado con grandes dosis de despiporre, sinvergüencería, y hasta una disquisición sobre chochos colgantes, pero también de una mayor carga dramática que su predecesora, que otorga a la obra un tono más reflexivo.

Con un argumento ya de por sí desternillante, León consigue que el film sea algo más que una mera consecución de gags, creando un clima hilarantemente surrealista a través de un estilo que en no pocas ocasiones roza lo teatral: el film sustenta gran parte de su peso en los diálogos y la increíble complicidad entre madre e hija. A ello contribuyen las brillantes interpretaciones de las dos protagonistas, que probablemente volverán a optar a algún reconocimiento esta temporada por su destacado trabajo interpretativo, como ya había ocurrido en 2012 con la primera entrega, y sendas nominaciones al Goya para madre e hija. Vuelven a estar excepcionales ambas, dotando a los personajes de una naturalidad muy palpable.  Hay sitio también para alguna incorporación estelar, como la de Yolanda Ramos, en la piel de una fumada masajista catalana que protagoniza sin duda las escenas más desquiciantemente cómicas, y que llena la pantalla con cada aparición, porrito en mano.


Es innegable el primoroso cuidado en el más mínimo detalle: una excelente ambientación, buen uso de los planos y la imagen (basta mencionar la brillante y bizarra escena del entierro), o incluso, la cuidadosa elección de la banda sonora, que crean una atmósfera muy genuina. Con un fuerte carácter social, no son pocos los guiños y las denuncias de este ámbito en el film: desde el loro de Carmina, de nombre Bárcenas, al que metafóricamente encierra en su jaula tras una buena reprimenda, al desalojo de unos okupas, tocando tangencialmente otros temas como la inmigración, o la situación de la Casa Real. Es quizás en este ánimo de denuncia social en lo que más puede chirriar la película. El bombardeo de causas sociales forma un batiburrillo que puede resultar algo excesivo, si bien tampoco desluce en absoluto el resultado final.

“My way”. A mi manera. Estas tres palabras resumen a la perfección el espíritu y filosofía de vida de la protagonista del film, Carmina Barrios, ya nuevo icono del cine patrio (“yo no miento nunca, yo cuando digo una cosa se convierte en verdad, y amén”). Pero estas tres palabras condensan también la esencia de Paco León como cineasta: otra manera de hacer cine (la suya) es posible. A las pruebas me remito.

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" By Tony López

Top 5: "Chicas Malas" ("Mean Girls") cumple una década

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Lo siento chicos y chicas, sí, hoy 30 de abril de 2014, "Chicas Malas" ("Mean Girls"), el film protagonizado por Lindsay Lohan y Tina Fey, entre otros, cumple diez años de su estreno en la gran pantalla en Estados Unidos. Esto, además de significar que hoy la película debe soplar las velas, quiere decir que nosotros somos diez años mayores (de ahí el "lo siento" con el que comenzábamos el artículo).

La película de culto donde las haya y cantera de grandes talentos (Amanda Seyfried, Rachel McAddams, PARA GRETCHEN WIENERS NADA, ADIÓS), cuenta, como ya todos sabéis, la historia de la simpática y tímida Cady Heron (¡se pronuncia /KEIDI/!), interpretada por una guapísima Lindsay Lohan, que aún no le daba a la raya. Cady, que acaba de llegar a África (y sí, para vuestra información es blanca), donde vivía junto a sus padres zoólogos, debe enfrentarse a una fauna mayor que cualquiera que haya podido ver en el continente de Brequette: un instituto norteamericano. Allí conocerá a Janis (LESBIAN ALERT!) y a Damian, los que pronto le enseñarán todos los secretos y misterios del nuevo centro educativo de la pelirroja y le advertirán sobre "Las Divinas" ("The Plastic" para los bilingües y puristas), las chicas más guapas y populares de la institución.
Nada más empezar el curso, Cady se enamora Aaron Samuels, la mayor sobrevaloración de un "buenorro" en una película teen y ex-novio de Regina George, la líder de "Las Divinas", y se arma el lío porque, como sabéis, enamorarse y querer liarse con el ex-novio de una amiga atenta contra una de las mayores normas del feminismo. Regina comienza a jugar con sus mejores armas para intentar recuperar a Aaron y fastidiar a Cady, así que esta intenta devolvérsela con efecto.

Sabíamos que debíamos rendirle un homenaje especial a la película más citable del mundo, así que hemos preparado un Top con 5 de los mejores momentos que este peliculón nos ha dado y sus las frases más quoteables. Relájense y prepárense a reír:

5) La escena de la cafetería



Todos recordamos esta escena. Cady acaba de llegar a la cafetería y pasa justo por enfrente de la mesa de "Las Divinas", sobre las que Damian y Janis ya le habían advertido. Estas la invitan a sentarse con ellas y sueltan perlas tales como: "Si eres de África, ¿por qué eres blanca?"


Frases que amamos y no podemos dejar de quotear de esta escena:
- ¿Te han comido la breva? ¿Quieres que te asignemos a alguien para que te coman la breva? - Jason.
- No, no, no, eso lo sé. No soy tan cortita. - Regina George.
- Además eres muy guapa. ¿Estás de acuerdo? ¿Te crees muy guapa? - Regina George.
- Me encanta tu pulsera, ¿de dónde la has sacado? - Regina George.
- Súperfabu. - Gretchen Wieners.
- Si eres de África, ¿por qué eres blanca? - Karen Smith.
- Los miércoles vamos de rosa. - Karen Smith.
4) La segunda llamada a cuatro bandas.

¿Quién no se acuerda de Regina George comiéndose una barra de pan y un donut de chocolate mientras hablaba con sus amigas por teléfono y de su hermana pequeña enseñando sus mini-pechos frente al televisor? ¿Quién ha olvidado a Karen Smith abriendo la boca como si estuviera apunto de hacer una felación porque su mejor amiga la acababa de llamar "zorra" antes de colgar por mentir para no tener que salir con ella afirmando que estaba enferma? Simplemente épica.


Frases que amamos y no podemos dejar de quotear de esta escena:

- Cady, ella (refiriéndose a Gretchen) no es guapa. Ya sé que eso suena mal, pero da igual. La reina de primavera debe ser guapísima. Y lo más curioso es que debería de ser Karen pero la gente no la recuerda porque es una puta. - Regina George.
- Regina dice que todos te odian porque eres una puta - Gretchen Wieners.
- ¡Serás puta! - Regina George

3) Aaron Samuels deja a Regina

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Regina George llorando en su cama junto a sus cuatro "fieles" amigas por haber sido dejada por Aaron Samuels. Karen intenta animarla intentando llevarla a Taco Bell y "la abeja reina", que estaba siguiendo una dieta de hidratos, se enfada, por lo que Gretchen va a consolarla. Karen y Cady se quedan solas en el cuarto conversando sobre los poderes "extra-pectorales" de la rubia.

Frases que amamos y no podemos dejar de quotear de esta escena:

- ¡Le he dado casi todo! ¡Era medio virgen cuando yo le conocí! - Regina George
- ¿Quieres hacer algo diver? ¿Vamos a comer unos tacos? - Karen Smith
- ¡¿Cómo se te ocurre?! ¡No puedo tomar tacos, estoy a dieta de hidratos! ¡Oh Karen, qué estúpida eres! - Regina George
- Puedo meterme el puño entero en la boca, ¿quieres verlo? - Karen Smith
- Soy un poco adivina. Tengo un quinto sentido. Creo que tengo poderes extra pectorales. Mis pechos siempre me advierten de cuando va a llover. Bueno, me advierten cuando está lloviendo. - Karen Smith.

2) Halloween


La manera de Cady de definir Halloween es quizás la forma más rápida, más acertada y poco sutil de hacerlo que ha usado nadie nunca. Quién no ha quoteado a Cady Heron con sus amigos o sus redes sociales diciendo que "En el mundo normal, Halloween es cuando los niños se disfrazan y piden caramelos" mientras que "en el mundo de las nenas, Halloween es la única noche del año en la que una chica puede ir de puta sin que nadie le de importancia."

1) Cady conoce a "Las Divinas"



Damian y Janis introducen a Cady en el mundo estudiantil y, por supuesto, le presentan a la realeza del instituto, "Las Divinas". Sin duda una de las escenas más divertidas de la película. El momento en el que los estudiantes definen a Regina George es simplemente indescriptible.

Frases que amamos y no podemos dejar de quotear de esta escena:

- Damian estudió Lengua con ella (Karen) el año pasado. Sabía escribir amor con "h". - Damian y Janis.
- Su familia (la de Gretchen) está forrada; su padre inventó la sandwichera eléctrica - Damian.
- Regina George es perfecta. Tiene un bolso de marca y un Lexus plateado. Según dicen se aseguró su pelo en 10.000 $. Ha llegado a rodar anuncios de coches en Japón. Su película favorita es "Love Story". Una vez coincidió con Brad Pitt en un avión y le dijo que era muy guapa. En una ocasión me dio un puñetazo... ¡Fue una verdadera pasada! - Los estudiantes.

Si estas escenas y quotes te han sabido a poco y necesitas más, ¡vamos!, celebra el cumpleaños de "Chicas Malas" volviendo a ver la peli, quemando unas cuantas copias de "Chicas Malas 2" y... ¡Sí! Poniéndote tu mejor trapito rosa porque hoy, como no podía ser de otra forma, ¡es miércoles! ¡Súperfabu!


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" By Elena_delaPrida

La Dulce Decadencia: Secuela Felliniana

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La Gran Belleza (2013) de Paolo Sorrentino se sumerge una vez más en una curiosa figura de Don Juan Italiano encarnada por su actor predilecto Toni Servillo que hace de Jep Gambardella. Al igual que hizo en Il divo(2008) una especie de biopic sobre el dirigente corrupto del partido demócrata cristiano Giulio Andreotti o en Un Lugar para Quedarse (2011) con esa estrella del rock venida a menos interpretada por Sean Penn; Sorrentino continúa la exploración de personajes atípicos y esperpénticos en esta última entrega.

La película es un evidente tributo a La Dolce Vita de Fellini tanto en la forma como en el fondo. La búsqueda de la gran belleza de Jep Gambardella, en su incesante y errático paseo por Roma, no cesa de tropezar con la vulgaridad humana de cada fiesta y cada local nocturno en el que se encuentra constantemente con lo que él mismo califica como “fauna”. La sucesión de personajes decadentes que se cuentan entre sus amistades y conocidos, representan unos clichés por desgracia bastante verosímiles de la alta sociedad italiana en la actualidad:
  • ·         Tenemos a las mujeres bellas y alocadas de moral dudosa por un lado.
  • ·        A la ex comunista y activista política que trabaja en un canal de televisión pagado por un partido de derechas y que se cree superior moralmente a sus amigos por trabajar duro toda su vida y formar una familia decente.
  • ·         Al propio Jep que es el eterno picaflor que los observa a todos con aire condescendiente pretendiendo no ser como ellos pero indudablemente formando parte de su mundo.
  • ·        Los altos cargos eclesiásticos envueltos en La Dolce Vita de la jet set.


Y un largo etcétera que pone en relieve el machismo, la corrupción y la frivolidad de la clase dirigente y pudiente de la Italia del presente. Quizás una decadencia algo modernizada y transformada, pero decadencia igualmente que recuerda a la plasmada por Fellini 40 años atrás.
Podría considerarse casi una secuela ya que ambas película son protagonizadas por un escritor/ periodista cuya vida transcurre en la Roma de la fiesta y la extravagancia del entretenimiento de los ricos y famosos. Al igual que con Marcello en La Dolce Vita, en La Gran Belleza seguimos a Jep en su camino errático observando el caos del efímero mundo que le rodea sin sentirse satisfecho y con esos flashbacks recurrentes que le hacen replantearse el curso de su vida.

Las incesantes escenas de fiestas con performances y atuendos extravagantes son otro común denominador. Incluso esa pareja de amigos que tiene dos hijos que participan de ese mundo de farándula pero que no tienen un final trágico como en la película de Fellini. La tragedia de la muerte de un hijo es esta vez para el protagonista, no para un amigo.

Ese hecho trágico representa también para Jep la pérdida de los sueños para el futuro. La descendencia siempre es sinónimo de vida y continuidad de la propia vida en la tierra tras la muerte. Jep se pregunta qué quedará de él tras la suya: ¿un sinfín de obras inacabadas entre otras malogradas?



Marcello es mujeriego al igual que Jep pero si bien se siente inseguro sobre el rumbo que está tomando su vida, el hecho de ser joven le da una sensación de margen temporal superior a la de Gep, que ya en sus sesenta y tantos ha vivido tres cuartas partes de su vida. Y al igual que esas ruinas romanas, símbolo del esplendor de antaño, flota en el aire la cuestión de si es posible vivir eternamente de una gloria pasada.

La juventud se marchita y la vida en sí es pasajera. En la vejez, el tiempo  convierte en patético y triste lo que fue divertido en los tiempos mozos.
Cuando se está en la flor de la vida, la muerte se ve lejana y la felicidad no se cuestiona, pero cuando la vida llega a su término es el momento de hacer balance y ver si el haber de experiencias vitales es positivo o negativo.

En Gambardella vemos a un Casanova agotado y decepcionado con la vida que no es capaz de huir de esa inmensa ciudad y de su gente porque después de tantos años de vagabundeo y de flirteos con la vida sin tomársela en serio, Roma es lo único que le queda y su único hogar después de todo.




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" By Elena_delaPrida

2046: El Tiempo del Amor

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2046 - Wong Kar-Wai



Si hay algo que caracteriza al cine de Wong Kar–Wai es su conciencia del tiempo trasladada a la pantalla tanto a nivel técnico como argumental.

En Chung King Express cuenta las horas exactas en las que el amor nace y muere entre los personajes. Y los intertítulos de contextualización temporal y espacial son un común denominador a todas sus películas.

2046 es en sí una expresión temporal a pesar de encerrar varios significados:

  • o   La habitación que compartían el Sr. Chow y la Sra. Chan en In the Mood For Love      mientras escribían los relatos de artes marciales.
  • o   El lugar del crimen de amor pasional que acaba con la vida de Lulú (Carina Lau)
  • o   El título del libro de ciencia ficción que escribe Chow así como el año del futuro al que viajan aquellos que quieren revivir recuerdos perdidos.
  • o   El año en que finaliza la promesa de 5 años sin cambios de China a Hong Kong tras ser devuelta por el Reino unido en 1997.

Excepto que 2046 no es un año, ni un espacio físico, sino que es un estado mental y psicológico universal que se corresponde con la etapa de melancolía que llega tras la pérdida del ser amado.

Esa ficción futurista a la que lleva ese tren salido de la imaginación de Chow no es sino el refugio de su nostalgia; ese impasse en el que el tiempo torna su significado en tortura por la ausencia del amor que se ha ido y el miedo al que está por llegar. En esta historia WKW vuelve a contagiarnos de esa conciencia del paso del tiempo que acompaña a todo momento de dolor. Todo es pausado y eterno en su cine por ese deseo de estirar el momento del placer y la imposibilidad de poder pulsar el botón de fast forward  en los interminables momentos de dolor. Por esa razón unos tardan más que otros en volver de ese viaje. La mayoría no regresan jamás de ese pozo sin retorno que es el desamor.


El tren que lleva a los pasajeros al 2046, el lugar en el que nada cambia nunca es una analogía de ese período de luto, por así decirlo, en el que el tiempo de nuestras vidas parece detenerse en un recuerdo que no nos permite avanzar. El hecho de que Chow se obsesione con el número 2046, que está relacionado con su antiguo amor, es un reflejo de ese empeño por encontrar señales inexistentes o excusas que justifiquen y mantengan la esperanza de volver a él.

2046  trata de la respuesta emocional de Chow Mo-Wan (Tony Leung Chiu-Wai) al estímulo planteado en su predecesora In the Mood For Love donde pierde el amor de Su Lizhen (Maggie Cheung Man-yuk) La transformación del protagonista es notable con respecto a la anterior película ya que su relación con el sexo femenino se caracteriza esta vez por el despecho. Las mujeres de su vida anterior le han hecho daño de una forma u otra por lo que ahora no está dispuesto a “venderse al por mayor, tan sólo al por menor”.

No se deja llevar por la autocompasión como Qiwu en Chungking Express o por la resignación  como en Deseando Amar. Chow experimenta el utilitarismo insensible del amor en el que tendemos a caer tras una mala experiencia en una relación. Si en In the Mood For Love no existe consumación del acto sexual en 2046 el erotismo se muestra frecuente y explícito. Es casi como si se estuviera resarciendo pero sin lograr conciliar ambos aspectos: sólo sexo sin amor (Bai Ling) o amor sin sexo (Wang Jing Wen).


Con Bai Ling (Zhang Ziyi) hubiera podido tener amor pero no le corresponde y la rechaza en reiteradas ocasiones tras una relación puramente física. Deja marchar a Wang Jing Wen (Faye Wong) con su japonés en una mezcla entre generosidad y cobardía ante la posibilidad de otro intento fallido en su haber amoroso. El anteriormente abnegado esposo y devoto amante Sr. Chow es ahora un alma errante que no logra deshacerse de su pasado.

El peligro de vivir de los recuerdos se manifiesta en esta actitud anquilosada del Sr. Chan y en la distorsión que provoca en los mismos la memoria imperfecta y la necesidad de entender por qué ella no se marchó con él cuando se lo pidió.

Pero no sólo el tiempo es importante para WKW sino  también el espacio. Con frecuencia sus relatos tienen lugar en interiores claustrofóbicos con planos muy cerrados e íntimos. En 2046 rara vez sale la cámara al exterior salvo las escenas nocturnas en las calles chinas en las que dos amantes mantienen una conversación entre la penumbra y bajo la tenue luz de una farola. Abundan los planos muy estáticos y prolongados: el tiempo pasa lento cuando se está a la espera o se sufre.

Y siempre de noche, como criaturas nocturnas que no logran descansar por el dolor en sus vidas. En la oscuridad de la noche cualquier cosa puede pasar: desde infidelidades, fiestas, juegos de azar y por supuesto el insomnio.


Los personajes del mundo de Wong siempre sufren por otras personas que están fuera de campo, por personajes anónimos o de los que sabemos poco. Como el Qiwu, el joven policía de Chungking Express, obsesionado con su ex pareja May y el agente 663 primero con su azafata de vuelo y luego con la enigmática Faye. Su Lizhen apenas aparece a lo largo de la película y siempre en recuerdos deformados o reflejados en la ficción futurista de Chow (como el androide que no logra contestar a la pregunta).

Además este director oriental hace gala de su origen por todo el simbolismo y misticismo que contiene su obra. Ningún objeto es banal o gratuito. Cada cosa cumple su función y está colocada en el lugar exacto con un fin concreto.

Así vemos una serie de elementos que se repiten en buena parte de su filmografía y que en este caso no es diferente:

  • o   La narración, voz en off a modo de diario.
  • o   El tren como analogía del tiempo perdido o del vehículo de la vida.
  • o   Los espejos que muestran una realidad oculta a la mirada superficial muestran el reflejo de las emociones que se internan en los personajes.
  • o   La lluvia como elemento atmosférico asociado a la depresión y la tristeza; que emula al lloro reforzando esa melancolía pero que a la vez es purificador y capaz de borrar los rastros del pasado.
  • o   El humo de tabaco, la volatilidad de la vida.
  • o   La escritura y el teléfono como canales indirectos de transmisión de mensajes más sencillos que el habla, que requiere de un contacto más personal. La escritura como vínculo de unión entre dos personas, sirve de excusa en Deseando Amar y en 2046 para pasar más tiempo juntos.
  • o   La suerte (o más bien la falta de ella) representada por medio del juego de azar, símbolo de perdición humana y del vicio que desvía a las personas del camino correcto.  Pero también como oráculo o deidad que determina nuestro destino.
  • o   Los colores vivos fruto de su formación como diseñador gráfico.
  • o   Y por supuesto la baja obturación en la captación de las imágenes que crea ese efecto ralentizado en muchas escenas.
El estilo visual es parte importante en su producción de ahí que el acabado sea tan trabajado e impecable. La sensibilidad de este director es palpable tanto en lo narrativo como en lo audiovisual.



La música viene de la mano de dos compositores que se repiten en la obra de Kar- Wai: el español Xavier Cugat con su “Perfidia” y “Siboney” y del japonés Shigeru Umebayashi que ponen ‘la guinda’ a esta obra con una banda sonora que sella en nuestra memoria auditiva el enamoramiento sin remedio que evocará las bellas escenas de 2046 y Deseando Amar siempre que volvamos a escuchar la voz de Connie Francis y las palabras: “Siboney en tu bocala miel puso su dulzor”.

El amor perdido en el tiempo es el tema central de Wong Kar-Wai y el hecho de cómo las palabras jamás pronunciadas, los hechos ignorados y las personas invisibles, el tiempo, el amor y el espacio puede condicionar nuestra existencia de forma mucho más real que cualquier otro elemento tangible.

"No sirve de nada encontrar a la persona indicada si el momento no es el adecuado". El ‘timing’ en el amor es importante ya que lo que se tarda semanas o meses en construir puede esfumarse en pocos minutos o segundos. “El amor es una cuestión de tiempo” según Wong Kar-Wai y todo debe encajar en sincronía para que sea posible.






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